Tuppersex

Los canales de distribución de la mayoría de los productos que encontramos en el mercado suelen ser bastante poco flexibles, y por tanto, la introducción de nuevas vías para llegar a los clientes puede ser una verdadera odisea para muchas empresas. Sin embargo, a todo el mundo parece sorprenderle la facilidad con la que las empresas que venden productos eróticos se han introducido en el canal de la venta directa. Sorprende pensar que una sociedad que hace veinte años miraba con desprecio las minifaldas y los bikinis, hoy permita sin rubor que sus féminas acudan a reuniones en casas particulares de amigas o familiares para adquirir productos cuya finalidad es mejorar las relaciones sexuales con su pareja, o lo que podría ser peor: para colmar sus propios deseos y fantasías íntimas. Pero afortunadamente, así es. Se han puesto de moda y muchas esperan su turno para ser invitadas a una de ellas. El sistema es un viejo conocido: una chica convoca a sus amigas a su casa para que una demostradora les enseñe y les venda los productos que se encuentran habitualmente en una sex-shop: vibradores, huevos vibradores, dedos mágicos, bolas chinas, aceites de masaje, lubricantes, lencería sexy, etc...

Se trata de fiestas bastante divertidas, donde la desinhibición del tema sexual se palpa en el ambiente, y donde las chicas se encuentran lo suficientemente cómodas y libres como para hablar abiertamente de cualquier aspecto relacionado con el sexo; preguntan, opinan, aprenden y, como no, conocen lo que el mercado puede ofrecerles para ayudarles en sus relaciones íntimas, y lo compran. Asi pues, satisfacción para todos: ellas evitan el mal trago de entrar en una tienda solicitando ciertos productos, y las empresas hacen su agosto llegando a un sector de clientes que, animadas por la emoción del momento y por el buen rato que pasan, compran mucho más de lo que estarían dispuestas a hacer si estuvieran solas en un punto de venta.